Mostrando entradas con la etiqueta sonrisa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sonrisa. Mostrar todas las entradas

martes, 12 de marzo de 2019

No y mil veces no

No, no fui fuerte. 
Ni valiente. 
Ni apretaba los dientes siempre que algo me superaba, ni tampoco gritaba con rabia cada vez que quise soltar algún sentimiento de adentro. 
No. 
No y mil veces no a todo lo que mostraba al mundo. 
Débil, vulnerable, frágil, cobarde... y seguiría escribiendo sinónimos para definir que sólo existió pena en mí, esa sonrisa tan enorme fue de pega; fachada. 
Por eso decidí apagar al corazón. 
Al alma la dejé volar muy alto; libre. 
Y a los que no lo entenderían, a ustedes, les pedí perdón.


sábado, 19 de enero de 2019

Quiso...

Quiso llegar a lo más alto. Quiso, como mínimo, tocar las estrellas. Conversar con la luna. Tumbarse en su cuna. Quiso que el viento le golpeara en la cara, que le peinara, que la abrazara. Quiso que sus pies conociesen el tacto de las nubes; suaves, terciopeladas. Que las cosquillas recorrieran su cuerpo y de ahí su infinita sonrisa; firmamento.   

Quiso independencia; rebeldía, batallar, gritar.
Lo quiso, lo deseó. 
Quiso libertad. 

Pero... 

Quedó su cuerpo derribado, empapado en sangre. Quedó su ropa rasgada; semidesnuda. Quedó su pelo alborotado con hojas secas que también ejercían de almohada. Quedó su mirada fija, fría y dibujando cardenales. Quedó sus labios rotos; como roto le dejó el corazón.

Quedó... 
Quedó tantas cosas en ese suelo... Quedó ella; sus sueños, su vida.
La mató. 


martes, 18 de octubre de 2016

Tengo...

Tengo demasiada fe en la vida porque sé que en ella estás tú. 
Te siento. 
Te pienso. 
Te quiero. 
No pararé hasta encontrarte y que fugazmente crucemos la mirada. Contemplaré por unos segundos tus ojos, tiempo suficiente para perderme en ellos. Ya nunca querré salir de tus pupilas. Entonces será cuando cierre los míos y una sonrisa tonta se dibuje en mis labios. En tu corazón sentirás un pellizco sin dolor.
Te sueño. 
Te deseo. 
Te anhelo. 
Mientras, entre la multitud seguiré paseando. 





jueves, 29 de septiembre de 2016

Chispa

Lo he sentido. He sentido literalmente esa chispa cuando por fin has querido que nuestras manos se acariciasen. Sé que no fue un descuido notar el suave roce, lo vi en tus ojos. Quiénes estaban a nuestro alrededor no lo apreciaron porque sólo vieron a dos amigos que se daban una galleta de chocolate. Pero en mi interior explotaban emociones y creo que no los pude disimular. Tampoco lo quise, aún me sigue durando la sonrisa tonta. Fue un leve e insignificante instante que bastó para sentirte cerca. Me has dado vida.


jueves, 26 de marzo de 2015

Celeste

Ese día deseé con todas mis fuerzas que terminase la hora para salir del trabajo. Acabé reventada de tantas y tantas reuniones con clientes. Quise llegar cuanto antes a casa para descansar. Por eso nada más llegué al portal abrí rápidamente la puerta, pero al intentar cerrarla un brazo pasó por mi lado derecho de la cara y agarró uno de los barrotes. Abrí los ojos mientras noté que mi cuerpo no respondió al intentar moverme por el susto. 
- Casi me quedo afuera. - Escuché. - ¿Me dejas pasar? 
- ¡Ay sí! Perdona. 
Me aparté como pude y fue cuando le vi. Llevó una chupa de cuero de color negra y no bajé más la mirada porque sus ojos marrones me atraparon nada más fijarme en ellos. 
- ¿Te puedes creer que te has quedado boba mirándole? - Me soltó el jodido subconsciente. Entonces reaccioné y noté como mis pies bajaron de nuevo a la tierra. Me di cuenta que tenía el mismo aspecto que la mayoría de mis clientes: Alto, guapo, con el pelo negro... no entré en detalles porque es una de mis normas como profesional. No quiero que pase lo que a muchas de mis compañeras les pasan, se enamoran. Me dispuse a subir las escaleras y él, cuando le di la espalda, cerró la puerta. El ruido de mis tacones retumbaron por todo el rellano hasta que paré en la puerta del ascensor. De nuevo él fue más rápido que yo y tocó el botón de subida. 
- ¿Vives aquí? 
- Pues sí, vivo aquí. - Le contesté. - A ti nunca te he visto. ¿Eres vecino nuevo? 
- Que va, es la primera vez. Vengo a visitar a una amiga que se llama Celeste. - No me lo pude creer. Al escuchar el nombre de Celeste me temblaron tanto las piernas que no reaccioné al momento. - ¿La conoces? - Me preguntó enseguida. 
- Eh... no. No la conozco. Le contesté lo primero que pensé y con la voz muy temblorosa. 
Justo llegó al ascensor. Entré primero porque él hizo un gesto para cederme el paso. Me coloqué en la esquina más apartada para que tuviera sitio. 
- ¿A qué piso vas, guapa? 
- Eh... al tercero. 
- ¿Te has olvidado dónde vives? 
- No, hombre. No es eso. 
- ¿Entonces? 
- ¡Entonces nada! - Le dije sonriendo. 
- Y yo pensando que te ponía nerviosa. 
- ¿En serio? Pero si no te conozco. 
- Eso no significa que no te guste. - Me lo dijo mientras se acercó a mi para acorralarme en aquella esquina. 
- ¿De verdad piensas que me gustas? Te estas equivocando conmigo. 
- Vaya... sería una pena equivocarme. 
- ¿Por qué? - Le pregunté extrañada. 
- Porque no he podido evitar fijarme en ti. 
Me quedé sorprendida con su respuesta pero más cuando noté sus labios sellando los míos. Entonces no sé si fue porque estoy tan acostumbrada a mi profesión que me tomé la situación como si fuera una de mis citas. Saqué a esa mujer que a todos mis clientes les gusta. Le agarré fuertemente su cintura y nuestros cuerpos se conocieron al igual que lo hizo nuestras lenguas. Mientras sus manos cogieron mi cara para no dejarme escapar. Yo sólo pensé en el ascensor apunto de llegar al tercero y el iba un piso más arriba. 
- Creo que a mi amiga la veré otro día. - Dijo entre morreo y morreo. 
- ¡No! - Me aparté totalmente de él. 
Afortunadamente sonó el ding confirmando que había llegado, supuestamente, a casa. Salí y nos quedamos mirándonos sin decirnos nada mientras las puertas se cerraron en nuestras narices. No sé por qué eché a correr escaleras arriba para encontrarme de nuevo con él. 
- Espera. - Le grité desde las escaleras cuando vi que apunto estuvo de tocar el timbre de la puerta. 
Se quedó mirando cómo estuve de agobiada por subir tan rápidamente. Me faltaba el aire pero me lo volvió a quitar con sus carnosos labios. Mi bolso cayó al suelo dejando todas las cosas esparramadas en el pasillo, me dio igual. Yo sólo noté sus manos acariciando cada centímetro de mi cuerpo intentando subirme un poco la camiseta blanca que llevaba para rozar con sus dedos mi piel. Yo intenté hacer lo mismo con él. Entonces directamente se quitó la chaqueta de cuero y seguido la sudadera negra que tenía puesta debajo. Le vi ese tatuaje en el pecho que poca importancia le di porque en mis manos tuve el poder de taparlo mientras le palpaba su torso desnudo. Por ese motivo, al rato, me puse nerviosa al notar que sus manos seguían en mi cintura porque no se atrevía a quitarme la ropa. En ese momento mientras me miraba le agarré del brazo y bajamos unos pocos escalones para que ningún vecino nos viera. Le senté. Delante suya me levanté la camiseta dejándole ver mis pechos con el sujetador de encaje negro. Sentí reflejada en su mirada ese deseo de hacerme suya, más ganas me entró de probar más. Abrió sus piernas, de rodillas me puse delante suya y comenzamos a besarnos de nuevo. Él me demostró su destreza quitando ropa interior femenina porque de un salto desabrochó mi parte de arriba dejando que sus manos fuese lo único que sujetase mis pechos. Yo no quise ser menos. Así que desabroché el botón de su vaquero, bajé la cremallera y metí la mano en su calzoncillo. Aquello que noté me puso más caliente sonrojada de lo que ya estuve. Me entró escalofríos muy intensos cuando jugué con su miembro y se me escapó un gemido que otro por culpa de sus caricias en mis pezones. Sin pensarlo más veces, me levanté para bajarme la falda de tubo y quitarme la braguita que en ese momento me estorbaba. Una mano suya muy traviesa tocó mis labios para saber si estaban mojados, lo sé porque cuando él hizo ese gesto le delató una risa picarona y a mí me entró más sudores. Quise hacerlo poco a poco. Suavemente empecé a bajar hasta sentarme completamente en sus piernas y, por fin, le sentí dentro de mí. Sólo ese instante fue así de despacio. Con todas las ganas que tuvimos los dos, el ritmo fue cada vez más rápido hasta llegar a su total esplendor y terminar con una mano suya tapándome la boca para que los vecinos no oyeran mi orgasmo. Pero fue en vano. Justo al terminar nuestro acto de pasión, una de las puertas del rellano se abrió. Rápidamente él se subió el pantalón, agarró sus cosas y echó a correr escaleras abajo sin antes mirarme y lanzarme un beso. Le sonreí como una boba. Una vez sola me coloqué bien la falda, cogí la camiseta y me tapé como pude. 
- ¿Y todo esto qué es? - Escuché 
- Eh... es mío, Remedios. - Subí los pocos escalones hasta llegar a donde seguía todas mis cosas por medio. 
- ¿Pero qué te ha pasado, niña? ¿Estás bien? ¿Te han hecho algo? Es que he escuchado un ruido muy raro y... 
- No, no. Tranquila. - Le corté. - Sólo vengo un poco mareada y... nada. Estoy bien. 
- ¿Seguro que estás bien? ¿Quieres que llame a la Policía? 
- De verdad, Remedios, no hace falta. Estoy bien gracias. - Le contesté un poco cabreada. 
- Entonces me vuelvo a dentro. Buenas noches, Carmen. 
- Buenas noches. 
En cuanto cerró la puerta, di un suspiro tan grande de alivio que me quité todos los nervios de encima. Recogí todo y al fin entré en casa. Me quité los tacones, solté lo que portaba en mis manos en la entradita y directamente fui a echarme en el sofá. Justo en ese instante fue cuando empecé a coger un poco de conciencia y recordé lo que había pasado durante el día y en esos quince minutos con ese chico misterioso. Pensé que lo raro no fue habérmelo tirado en el rellano de mi casa, a la vista de todos los vecinos y sin saber quién es. La pregunta que me rondó por la cabeza fue: ¿Por qué no le dije que yo era Celeste?


sábado, 15 de marzo de 2014

Sed feliz

Queridos amigos y amigas. No hay ni un solo día que el sol deje de brillar. Aunque haya tormentas en invierno y aparentemente las nubes le cubran, al rato, o a los días e incluso pasando varias semanas, dichas nubes se esfuman y dejan al astro rey relucir hasta con más fuerza. 
Así que, si tenemos un día gris, no nos alarmemos. Los contratiempos, tarde o temprano, también tienen su fin. Y cuando esto ocurra, no olvidemos después deslumbrar con nuestra mayor sonrisa. Sed feliz.