Se oyó a lo lejos uno de sus gritos desgarradores, es lo único que rompía la paz sepulcral de aquel bosque. Eso hizo que los cuervos se atemorizaran y se pusieron rumbo hacia un lugar seguro, atormentando así a los demás animales en esa noche tan oscura. Se volvió a escuchar su voz entre los árboles, era el viento quién la guiaba quebrada entre sus ramas pidiendo que por favor la dejase vivir. Entre lágrimas imploraba, entre el pánico que sentía no respiraba, hasta que ya quedó de nuevo el silencio. Algo nuevo se formó en aquél lugar; el nacimiento de un río de sangre, la de aquella joven, desde su largo cuello hasta las hojas caídas de los árboles donde permanecía tendido su débil cuerpo. Si antes su pelo brillaba con los rayos del sol, ahora es la luna quien ilumina blanca su melena. Su piel ya no es delicada, suave... es áspera y rugosa. La ropa que tanto le gustaba, esa que su madre le regaló antes de morir, no luce igual que unas horas del día más atrás. En sus ojos verde ya no hay esperanzas, estaban abiertos enloquecidos y en sus labios existe un sabor amargo. El mismo sabor que nos deparará a todos cuando nos llegue la muerte.
sábado, 25 de marzo de 2017
jueves, 9 de marzo de 2017
Hoy necesito decirte cosas al oído.
Hoy necesito decirte cosas al oído, reírnos de nuestras tonterías mientras los demás hablan de sus cosas. De que nadie se percate de nuestras miradas furtivas, ni del motivo verdadero de mis mejillas sonrojadas. Hoy necesito de ti. De tus juegos inocentes que me llenan el alma sin que tú te des cuenta, de tu suave voz que siempre me apacigua. Y es que no sé cómo decirte, amigo, que dentro de mí has creado un mundo maravilloso de emociones que jamás sentí. Sí, has sido tú. Tú tienes la culpa a que vuelva a sonreír, a que vuelva a ver la vida de otra manera y que no solo sean días de tormentas y lluvias, existiendo la primavera. Hoy necesito decirte cosas al oído, cómo por ejemplo que me duermo pensando en cómo contarte esta historia, lo que me pasa contigo, que tienes algo importante de mí que no sabes y ojalá me atreva a decírtelo.
jueves, 10 de noviembre de 2016
Es como si...
Es como si estuvieras aquí, observándome. Clavando en mí esa mirada en forma de perdón aún sabiendo que jamás lo haré. Hizo daño, mucho daño y entiendes que esté enfadada con el mundo. Esa promesa se rompió como reventada has dejado mi alma. Ya nada dolerá tanto. Sé que es sentir dolor. Por eso no dudé en arrancarme el corazón, imagino porque quería dejar de sufrir. Así sigo mi camino. Sola. Me has dejado sola, amor. No hay día que el viento me traiga tu perfume, ni anochecer que me recuerde al color de tu pelo, ni sueños donde escuche tu voz llamándome. Y así estoy, desorientada, sin saber cómo vivir faltándome tus besos, tus caricias, tus te quiero... tú. Sin saber por qué Dios te ha llamado tan pronto.
Ubicación:
Badajoz, España
martes, 18 de octubre de 2016
Tengo...
Tengo demasiada fe en la vida porque sé que en ella estás tú.
Te siento.
Te pienso.
Te quiero.
No pararé hasta encontrarte y que fugazmente crucemos la mirada. Contemplaré por unos segundos tus ojos, tiempo suficiente para perderme en ellos. Ya nunca querré salir de tus pupilas. Entonces será cuando cierre los míos y una sonrisa tonta se dibuje en mis labios. En tu corazón sentirás un pellizco sin dolor.
Te sueño.
Te deseo.
Te anhelo.
viernes, 30 de septiembre de 2016
Qué no habrás visto, querida
Qué no habrás visto, querida. Gente paseando sin más, peleas por cualquier gilipollez, besos a escondidas, caricias que sólo tú puedes percibir, miradas que lo dicen todo o nada, juegos de adolescentes transformándose en sentimientos... durante todo el día, durante toda la noche. Sin descanso. Me dan envidia, ¡claro que me la dan! Porque pasarán los años, conocerás millones de historias preciosas (otras no tanto) y mientras yo... ojalá tuviera que contarte algo.
jueves, 29 de septiembre de 2016
Chispa
Lo he sentido. He sentido literalmente esa chispa cuando por fin has querido que nuestras manos se acariciasen. Sé que no fue un descuido notar el suave roce, lo vi en tus ojos. Quiénes estaban a nuestro alrededor no lo apreciaron porque sólo vieron a dos amigos que se daban una galleta de chocolate. Pero en mi interior explotaban emociones y creo que no los pude disimular. Tampoco lo quise, aún me sigue durando la sonrisa tonta. Fue un leve e insignificante instante que bastó para sentirte cerca. Me has dado vida.
lunes, 29 de agosto de 2016
Duele...
Duele cuando se marcha un compañero, un amigo, un familiar... Duele.
La vida y su manía de arrebatarnos lo que más amamos. Pero aún así se apiada, quiere que en el corazón sigan esas historias que vivimos con ellos; los recuerdos. De esta manera es algo más llevadero ésto de la muerte. Aunque el dolor, al recordar, jamás se irá. Porque nos faltará su compañía, su dulce voz, sus caricias y el simple "buenos días" de esa persona que de una u otra forma nos dio vida.
Esa vida que se apagó para siempre, pero que en el corazón permanecerá encendida eternamente.
lunes, 11 de julio de 2016
De ésta manera hasta el final.
Tú, que miras por la ventana pasar el paisaje mientras cae un par de gotas por tu mejilla como quien ve su vida pasar, no temas. Aquí estaré para protegerte de todos aquellos que intentan hundirte en lo más profundo. Te lo juro. No será fácil ya que nada lo es en este mundo, pero tú me importas demasiado y odio verte triste por esos motivos que rondan por tu mente. De sobra sabes que eres fuerte, sólo tienes que creer en ti. Abandonaremos juntos todo lo malo, pegaremos una patada bien fuerte a esas cosas que intentan dañarte y si lo hacen coseré tus heridas al instante para que cicatricen rápidamente, así volveremos a levantarnos para seguir el camino que siempre deseaste andar. De ésta manera hasta el final. Hasta que cierres los ojos eternamente y pueda decir yo, tu alma, que has vivido plenamente. Consiguiendo ser feliz contigo misma.
miércoles, 6 de julio de 2016
Que me...
Que me cojas con ganas de una vez y me estampes contra la pared, la que está detrás de los arcos de la plaza, para robarme ese beso que tanto deseas probar. Que me roces la mano a conciencia cuando tengas la oportunidad, así sentirás por fin la suavidad de mi piel. Que me acarices el pelo mirándome a los ojos, esos ojos tuyos achinados cuando sonries que tanto te caracteriza. Que me hagas tuya sin miedo al qué dirán por lo de la edad, sabes de sobra que eso no importa si por fin decides tenerme entre tus brazos. Que me tienes aquí y ahora. Que yo también de ti me he enamorado.
miércoles, 29 de junio de 2016
Ya no llegará
Te difuminas como el denso humo de los últimos cigarros que nos fumamos juntos, mezclado de las miles de risas y los ratos de complicidad que se hacían nuestras miradas. Yo, ahora, sólo puedo sentir que las comisuras de mis labios tiran hacia abajo. Y lo que recorre por mis mejillas ya no es ese sudor del que tantas veces me has provocado. Ya no. Son gotas que saben a tristeza, soledad, dolor... Es mi alma, que tanto decías que amabas, rota.
Sigo con el nudo en la garganta, sabes que desde que te vi nunca se fue, pero éste es diferente y aprieta más. Tenía tanta confianza en ti que me dejé atar creyendo que nunca me harías daño. No fue así. Y aquí estoy de rodillas en la cama mirando al techo, a la nada. Esperando ese abrazo por la espalda, esa caricia en mi pelo, esa mano cogiendo mi mentón para luego girarme y fundirnos en ese beso, eso que ya no llegará.
Porque de otros 'te quiero' has preferido endulzarte.
Ubicación:
Badajoz, España
domingo, 6 de marzo de 2016
Susurros al oído...
Susurros al oído mientras estaba sentada en esa maldita silla y con una venda puesta, la que él escogió para mí. Endulzaba con buenas palabras mi alma pero no se dio cuenta que ya no me hacía efecto. Dejé de sentir. Porque hubo un tiempo que podía engañarme, sí, pero ya no. El impulso de quitarme la venda que llevaba en los ojos hizo que descubriera la verdad, que nunca estuvo conmigo. Esta ansiada libertad era lo único que tenía enfrente de mí y yo sin saberlo.
viernes, 22 de enero de 2016
Fechas que nunca se olvidan, por desgracia.
Ese día me dirigí al banco por temas de papeleos con Hacienda o algo así. No cogí el camino de siempre, tiré por otras calles para llegar a la sucursal. En una de esas calles me topé con un Renault Megane Classic de color gris igualito al que tuvo mi abuelo. Fue evidente que me vino a la cabeza recuerdos de mi infancia, de cuando él nos recogía del colegio con ese coche o cuando llevábamos a mi madre al trabajo. Hizo casi un mes que no le veía en persona, desde navidades, y ya estaba el pobre muy desmejorado. Era lo lógico. Llevaba unos diez años con Párkinson y la enfermedad, en ese último año, le estaba pasando factura demasiado rápido. Se me ocurrió echarle una foto a ese vehículo para enviársela a mis hermanos por WhatssApp, pero no sé por qué al final no me decidí. No la hice. Y seguí la ruta hacía lo que en ese instante era importante hacer.
Con mis cascos voy siempre a todos lados y claro, el móvil se me quedó sin batería en mitad del camino de vuelta a casa. Eran la una del medio día cuando llegué. Solté todos los papeles encima de la mesa del salón y hablé con José de lo que pasó en el banco. A parte le conté la anécdota del coche que parece algo insignificante pero, después de casi dos años viviendo en Badajoz, fue la primera vez que vi uno igual que el de mi abuelo. Entonces me senté por fin en el sofá, miré un poco el ordenador las cosas del trabajo y de repente sonó el teléfono de casa.
Con mis cascos voy siempre a todos lados y claro, el móvil se me quedó sin batería en mitad del camino de vuelta a casa. Eran la una del medio día cuando llegué. Solté todos los papeles encima de la mesa del salón y hablé con José de lo que pasó en el banco. A parte le conté la anécdota del coche que parece algo insignificante pero, después de casi dos años viviendo en Badajoz, fue la primera vez que vi uno igual que el de mi abuelo. Entonces me senté por fin en el sofá, miré un poco el ordenador las cosas del trabajo y de repente sonó el teléfono de casa.
- Extremedia, dígame.
- Vero... ¡que el abuelo se ha muerto! - Soltó mi hermano David en sollozos.
- ¿Qué? ¿Nooo? ¡No puede ser! ¡No me lo creo! ¡NOOO! ¿Quién eres, David? ¿Quién ereees? ¡No me lo creo!
- Vero... ¡que el abuelo se ha muerto! - Soltó mi hermano David en sollozos.
- ¿Qué? ¿Nooo? ¡No puede ser! ¡No me lo creo! ¡NOOO! ¿Quién eres, David? ¿Quién ereees? ¡No me lo creo!
No podéis imaginar el dolor, la rabia, la confusión... que pude sentir en cuanto mi hermano dijo esas malditas palabras. Un cacao mental imposible de controlar. No recuerdo muy bien qué más hablamos, sólo que empecé a llorar con él por el teléfono mientras José me cogía de la cintura al ver cómo me puse en ese momento. Cuando colgué el fijo, me dirigí directa a la habitación. Allí tengo puestas siempre dos fotografías: una de mis padres con mis hermanos y yo y otra de mi abuelo. Cogí el marco donde le tenía y me lo puse en el lado izquierdo del pecho. Era un mar de lágrimas desorientadas, gritando a los cuatro vientos que quería estar allí con mi madre. En la vida necesité tanto un abrazo de ella. Sólo pensaba en querer cuidarla.
- José, necesito ir. Quiero estar allí.
- Tranquila, Vero, que vas a estar. - me dijo secándome las gotitas de mi cara.
- ¿Y cómo lo hacemos?
- No te preocupes, cogemos el primer bus que haya y tiramos para tu pueblo.
Y eso fue lo que hicimos sin antes ver que ni aviones, ni trenes y ni buses hubo esa tarde para ir directamente hacia Málaga. Lo único que pudimos hacer fue esperar al día siguiente para coger el autobús de las nueve de la mañana que a las siete y media de la tarde nos dejaba allí. Mientras las horas no pasaban, llamaba cada dos por tres a mi familia que sólo supe decir llorando: "que voy para allá, mamá. Por favor, esperadme que voy". Hasta mi padre soltó que si no podía ir que no pasaba nada, pero yo no me quedaría tranquila si eso hubiera hecho. Mi corazón, mi alma... estaban allí.
- José, necesito ir. Quiero estar allí.
- Tranquila, Vero, que vas a estar. - me dijo secándome las gotitas de mi cara.
- ¿Y cómo lo hacemos?
- No te preocupes, cogemos el primer bus que haya y tiramos para tu pueblo.
Y eso fue lo que hicimos sin antes ver que ni aviones, ni trenes y ni buses hubo esa tarde para ir directamente hacia Málaga. Lo único que pudimos hacer fue esperar al día siguiente para coger el autobús de las nueve de la mañana que a las siete y media de la tarde nos dejaba allí. Mientras las horas no pasaban, llamaba cada dos por tres a mi familia que sólo supe decir llorando: "que voy para allá, mamá. Por favor, esperadme que voy". Hasta mi padre soltó que si no podía ir que no pasaba nada, pero yo no me quedaría tranquila si eso hubiera hecho. Mi corazón, mi alma... estaban allí.
Al final no llegué a la misa ni al entierro de mi abuelo. Mis padre hicieron todo lo posible para alargar las horas pero el tiempo no me permitió darle ese último adiós a una de las personas que más quiero en este mundo. El coraje y la impotencia que llevé durante el viaje por eso mismo eran incuestionable. Aún así, a la mañana siguiente fui al cementerio. Mis padres, José y yo. Desde lejos pude ver las coronas puestas con esas típicas frases tan arrolladoras que me partieron más, si aún se podía, el alma. Y grité. Grité mil veces la palabra, abuelo. Quería que me escuchara para pedirle perdón por no llegar a tiempo. Le dije un millón de veces que le quería, mi padre contestó que él lo sabe. Cuando me tranquilicé, cogí unas escaleras grandes para subir donde se encontraba las demás flores y le puse el ramo que llevaba en mis manos.
- Abuelo, te juro que siempre que viaje al Arroyo vendré aquí. - Le dije al frente de su nicho y le mandé un beso.
Así fue cómo pasé los dos fatídicos días que, por desgracia, ya jamás se borrarán del calendario. Hoy, 22/01/2016, hace justo un año que tu debilitado cuerpo se marchitó dejando un vacío enorme a todos los que te queremos. Pero sabemos que tu alma sigue viva.
Siempre contigo, abuelo.
- Abuelo, te juro que siempre que viaje al Arroyo vendré aquí. - Le dije al frente de su nicho y le mandé un beso.
Así fue cómo pasé los dos fatídicos días que, por desgracia, ya jamás se borrarán del calendario. Hoy, 22/01/2016, hace justo un año que tu debilitado cuerpo se marchitó dejando un vacío enorme a todos los que te queremos. Pero sabemos que tu alma sigue viva.
Siempre contigo, abuelo.
viernes, 20 de noviembre de 2015
Promesas
De esas promesas que tarda en cumplir porque es el tiempo quien tiene el mando. Mientras, sigue soñando en cómo será ese momento en que, por fin, le mire a los ojos y pueda abrazarle.
miércoles, 11 de noviembre de 2015
Por ti
No hay día ni noche que deje de pensar y me vuelvo loca. No puedo evitarlo. Te prometo que siento a esas mariposas de las que todos hablan y que tampoco me dejan dormir. Es escuchar tu nombre incluso tu apellido y mi alma se enciende como quien le da a un interruptor para que la luz predomine sobre la oscuridad. Algo muy fuerte que de mi corazón sale sin que pueda hacer nada por esquivarlo.Y tú tienes la culpa. Siento todo por ti.
miércoles, 4 de noviembre de 2015
¡Dejadme equivocarme!
Ni pienso ser una madre perfecta, ni trabajadora que lo hace todo espectacular. Tampoco quiero saber cómo estar alegre y feliz siempre, sin tener que decir que paso de esos consejos malos para tener una vida perfecta. ¡No! ¡No lo quiero! Mi manera de hacer las cosas no serán las adecuadas para algunos y me da igual. Aprender de los errores es la mejor forma de vivir. No quiero que cuatro gatos expertos digan lo que tengo que hacer: si quiero reír, río, si quiero llorar, lloro, si tengo que sufrir, sufro y ya está. ¡Dejadme equivocarme!
miércoles, 28 de octubre de 2015
domingo, 25 de octubre de 2015
Grietas
Hemos tenido varias conversaciones en la que me di cuenta que nuestros caminos son muy diferentes aunque estemos juntos en el mismo. Me refiero exactamente cuando tú quieres o tienes unos sueños, metas, ilusiones... y la otra persona, la que está en tu vida porque la quieres, piensa hacer todo lo contrario a ti mientras camináis, supuestamente, en la misma dirección. Con esto no me refiero a que sea tan egoísta como para que haga lo que yo quiera. No, porque tiene que vivir su vida y no la mía. Pero tampoco puedo evitar comerme la cabeza con esta pregunta: ¿por qué tengo que dejar de un lado esas cosas que tanto deseo hacer antes de irme de este mundo? Me lo pregunto porque lo tiene muy claro: Yo no quiero esto, tampoco aquello y de lo otro ni hablemos... mientras callo, por dentro muero por decir que lo dejé todo por estar juntos (parece que se le ha olvidado y tampoco lo suelto porque pensaría que se lo echo en cara). Cuando hablamos, esas contestaciones suyas duelen quiera o no y me derrumbo cayendo al suelo desplomada. Aún así al rato siempre me levanto como si no hubiera pasado nada, el amor es lo que tiene. ¿Pero sabéis qué? de todas las veces que me he caído durante este tiempo siento como la tierra se está agrietando cada vez más bajo mis pies. Noto que al final, aunque duela, se creará otro camino nuevo ante nosotros.
martes, 21 de julio de 2015
Óctuple
Esa noche el perfume que ocupaba la habitación era del tabaco. No sé cuantos cigarros fumé antes de tumbarme en la cama, fui consciente cuando quise apagar el último y el cenicero estaba lleno de colillas. Así que estrellé el pitillo como pude. El humo ascendía suavemente mientras yo miraba el techo amarillento por culpa de la nicotina.
– Joder, a ver si pinto de una vez. – Dije.
No quise pensar más en ello, por eso apagué la luz de la lamparita. Me quedé medio a oscuras en el cuarto porque un pequeño brillo se colaba por las ranuras de las persianas. La nube de humo dibujaba la silueta de esa luz. Medio relajado cerraba poco a poco los ojos y los volvía abrir. En ese momento no tenía sueño, la verdad, pero eran las tres de la mañana y a las siete sonaría el despertador para ir a trabajar. Quería obligarme a dormir. Al bajar de nuevo los parpados noté algo extraño: una ráfaga de luz iluminó de repente la habitación. De un salto me levanté, subí la persiana y no volví a ver nada porque todo estaba aparentemente tranquilo, aún así yo me puse inquieto. Volví a sentarme al filo de la cama, cogí el paquete de tabaco que estaba en la mesita de noche y encendí otro cigarrillo. Los nervios se sosegaban por cada calada y al final me desvelé completamente. Al rato miré el reloj, eran las tres y cinco. Quedaban cuatro horas de sueño.
– Mañana me esperará un día muy largo.
El silencio predominó hasta que un estallido muy molesto (no duró ni dos segundos) fue suficiente para despertar a todo el barrio. Pegué un respingo del susto e inmediatamente quise abrir la ventana para ver qué sucedió. Los vecinos hicieron lo mismo que yo, la mayoría estábamos asomados. En la calle la vida parecía normal como si no hubiera pasado nada.
– Habrá sido una tormenta. – Escuché a lo lejos.
Pero el ruido ese volvió y esta vez acompañado de gritos. En shock estuve viendo aparecer de la nada esa procesión de gente corriendo por la avenida. Me acojoné.
– ¿Qué es todo esto? – Dije en voz baja.
Los chillidos no dejaban de sonar y cada vez eran más frecuentes. Así que fui acercarme al cenicero, apagué el cigarro y de repente esa luz de antes volvió pero no por un instante. La habitación estaba completamente iluminada por un color azul intenso que se proyectaba desde la ventana. En la pared vi mi silueta y también la de algo a mi lado que tenía forma de tubo. Con los cojones de corbata iba girando muy despacio y lo vi.
– ¡Joder! – Grité fuerte.
Lo que estaba en mi ventana era un brazo metálico gigante y en el final del dichoso brazo había una especie de ojo que por ahí salía la luz. Quise arrimarme a eso para conocer más pero el miedo me lo impedía. Me quedé de estatua delante de esa cosa. Como si de una serpiente se tratase el tubo gigante se fue dejándome sin luz.
– ¿Pero qué coño era eso? – Exclamé.
Sin pensarlo volví a la ventana y no di crédito a lo que mis ojos me mostraba en ese instante: Gente desesperada, corriendo y gritando por toda la carretera junto a esos brazos enormes que les cogían. En los edificios de enfrente esas cosas rompían las ventanas y agarraban todo lo que se movía. Pero lo que más impresión me dio fue cuando miré hacia el cielo y pude ver aquella criatura debajo de nuestras cabezas. Era como una araña del espacio, con ocho patas metálicas más grandes que los edificios y los brazos enormes causantes del pánico en la ciudad. Atónito quise salir corriendo de la habitación pero me di cuenta que algo me atrapó y dejé de notar mis pies del suelo. Me armé de valor para pegarle puñetazos y de esa forma me soltase ¡fue en vano! Aquello tenía más fuerza que yo. Grité. Me dejé el alma gritando de angustia porque no sabía qué iba a ocurrir exactamente aunque en mi cabeza estaba claro: era mi fin. El brazo me alzó hasta lo más alto. Pude verme reflejado en los ojos de aquella asquerosa araña y tontamente le supliqué:
– No, por favor. – Nos miramos y el brazo me soltó para que mi cuerpo cayera al vacío. – ¡Aaaah..!
– ¿Cariño estás bien?
Me incorporé en la cama de golpe, sudando, nervioso y con taquicardia.
– Cielo, ¿te pasa algo? – Me volvió a preguntar.
– Eeeh... – Miré al rededor y la vi tumbada al lado mía cogiéndome del brazo para tranquilizarme. – Sí, estoy bien.
– Creo que has tenido una pesadilla. – Me dio un beso en la mejilla.
Yo seguía exaltado y confuso pensando en todo lo que había ocurrido. Por eso me pellizqué el brazo, quería comprobar que seguía vivo.
– Por cierto, ¿qué haces tú aquí? – Le dije extrañado.
– ¿Me lo preguntas en serio? – Se incorporó ella también. – ¿No te acuerdas que me invitaste a tu casa esta noche?
– Solo recuerdos los últimos quince minutos.
– Pues desde las ocho de la tarde estamos juntos, Jorge. ¿De verdad no te acuerdas?
– Recuerdo que estaba solo, pasó lo de la araña del espacio...
– ¿Araña del espacio? – Dijo sonriendo.
– ¡Sí! ¿Tú no lo has visto? La luz, los brazos gigantes, la gente corriendo...
– Cariño, está claro que has tenido una pesadilla. Anda, échate e intenta dormir.
Nos besamos y ella cogió el sueño en seguida, yo me quedé sentado en la cama. Agarré el paquete de tabaco de la mesita y encendí un cigarro. Mientras echaba el humo la luz tenue de la calle iluminaba la habitación por las rendijas de la ventana. Terminé de fumar, apagué la colilla y por fin pude cerrar los ojos. De la ráfaga que me habló ella al día siguiente, no me enteré de nada.
A Jorge Rubio,
con todo el cariño del mundo.
domingo, 10 de mayo de 2015
Lacrimosa (Requiem) - Amadeus Mozart
Es inconfundible. Suenan las dos primeras notas y la reconozco al momento, no por escucharla a diario, si no porque los pelos de todo mi cuerpo se ponen de punta instantáneamente. Creo que mi alma se siente identificada con ella y es por eso, que siempre que suena, me transporta a otra dimensión en la cual los sentimientos de Amadeus Mozart y los míos se encuentran y no están solos.
Una obra de arte donde el dolor y la tristeza van de la mano junto con la muerte, eternamente inseparables. Su melodía me acuna suavemente intentando dar consuelo y esas voces de ángeles pretenden facilitarme tranquilidad pero no la hay. Porque todo es oscuro cuando sabes que, tarde o temprano, la vida te cerrará los ojos perpetuamente.
miércoles, 6 de mayo de 2015
No todo vale
Estoy enfadada. Enfadada no, mejor dicho decepcionada conmigo misma. El motivo de esa decepción no es otro que el de seguir por el camino que no quiero. ¿Dónde está esa fuerza que me caracteriza? ¿Por qué no cojo el desvío y tiro para el otro lado? Sé de sobra las respuestas pero no les hago caso, por eso me cabreo y ya no puedo más. No todo vale. Se puede decir que estoy viviendo un sueño pero no más lejos de la realidad. Está feo que lo diga pero me importa un carajo esos sueños si no estoy bien. Y duele.
Duele saber que por mucho luchar, la marea va en contra. Pierdo fuerzas, esperanzas, ilusiones... pierdo todo y es cuando me doy cuenta que estoy entre estas cuatro paredes sin salida. Al alrededor existe la oscuridad absoluta, por eso tengo miedo a dar el paso porque no sé a dónde iré a parar. Entonces aparece tristeza acompañada de soledad y hablo con ellas hasta darme cuenta que soy una loca tonta por no decir otra cosa.
¿De verdad merece la pena seguir así por un sueño? ¿De verdad merece la pena saber que estoy perdiendo el tiempo? Y si lo sé: ¿Qué coño estoy haciendo?
¿De verdad merece la pena seguir así por un sueño? ¿De verdad merece la pena saber que estoy perdiendo el tiempo? Y si lo sé: ¿Qué coño estoy haciendo?
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