lunes, 9 de febrero de 2015

A mi abuelo Juan

Esa niña de cinco añitos que lloró tanto toda la noche, la primera vez que durmió fuera de su casa y todo porque no podía pasar un día sin estar con su abuelo, era yo. Tras muchos años después vuelvo a empapar mis ojos de lágrimas por ti. Pero ahora en estas dolorosas lágrimas hay veintiséis años de recuerdos vividos juntos. Todos ellos sellados con fuego en mi corazón para que jamás se borren ninguno.  
Aún sigo sin creerme que no volveré a ver tu gran y expresiva mirada junto con tu sonrisa de pícaro cada vez que jugabas conmigo y con mis hermanos. O cuando te quejabas al hacerte cosquillas, ¿te acuerdas, abuelo? Lo hacía porque al final acababas en carcajadas, me encantaba verte reír. Son tantos y tantos momentos especiales que para siempre estarán en mi cajón de recuerdos, el que llevo dentro de mi alma.
Mientras escribo estas lineas no puedo evitar abrazar fuertemente tu fotografía. Esa que tengo en mi mesita de noche para sentirte cerca, como siempre. Porque te fuiste a ese lugar mejor donde ahora, por fin, descansas tranquilo. 
Sé que siempre estarás a nuestro lado. Nosotros siempre contigo, abuelo. 


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