jueves, 16 de mayo de 2019

La atrapó

Hubo viento. 
Las nubes casi las pudo tocar. 
Su base de tierra, arena y polvo. 
Ante sus ojos el horizonte.
Infinito. 
Jugó con su pie descalzo a acariciar el vacío. 
Con sus manos quiso tocar algo que nunca existió, pero ahí estuvo. 
Lo decidió. 
Sin más lanzó su cuerpo. 
Aunque el aire intentó retener.
Demasiado peso. 
Ese peso en la espalda que jamás se quitó.  
La vida.
Y en picado, como águila que va a por su presa, cayó.
Presa que no era otra que su muerte. 
La atrapó. 








martes, 12 de marzo de 2019

No y mil veces no

No, no fui fuerte. 
Ni valiente. 
Ni apretaba los dientes siempre que algo me superaba, ni tampoco gritaba con rabia cada vez que quise soltar algún sentimiento de adentro. 
No. 
No y mil veces no a todo lo que mostraba al mundo. 
Débil, vulnerable, frágil, cobarde... y seguiría escribiendo sinónimos para definir que sólo existió pena en mí, esa sonrisa tan enorme fue de pega; fachada. 
Por eso decidí apagar al corazón. 
Al alma la dejé volar muy alto; libre. 
Y a los que no lo entenderían, a ustedes, les pedí perdón.


domingo, 10 de febrero de 2019

Mechanic

Infinito. 
Bucle. 
Inagotable. 
Aburrimiento. 
Monotonía. 
Interminable.
Así me hubiese tirado toda la noche; definiendo la manera que ejerce unas simples escaleras mecánicas su círculo vicioso. Como tonta perseguía con la mirada algo que para el mundo carecía de valor. Peldaños de metal; sin sentimientos, sin emociones... estaban ahí, como si nada. Dando giros sin fin. Inmóvil, pensé que esas escaleras realmente eran montañas rusas de ilusiones y miedos, eran piedras duras si te tropezabas con ellas, eran parte del camino. Era la vida.
Al final tuve que dar el primer paso, observar tanto a las escaleras me volvió más loca.

Lo que me faltaba. 





A ti, Julio, por todo lo que vivimos 
de pequeños "puerta con puerta". 
Con muchísimo cariño.




viernes, 8 de febrero de 2019

Ya eran mías

Sentí el desgarro. Dolió.
Mi piel, como papel de fumar, se rompió dejando paso a hilos de sangre que por la espalda fluyeron calientes. Llovió millones de pelusas blancas. 
Lo sentí crecer. Lo sufrí. Aquellos gritos desgarradores no fueron por otro motivo. Brotaron enormes. Tanto, que al extenderse eclipsaron la poca luz que hubo. De rodillas en el suelo, ya sin la angustia, el instinto hizo que abriese los ojos y vi lo que tanto deseé en años. Lo que tanto ansié formó parte de mí. Ya eran mías. 

Mis alas.
Mis amadas y hermosas alas. 

Con fuerza alcé el vuelo; valiente, decidida. Lo único que me golpeó fue el viento, y supe qué es surcar un cielo lleno de estrellas. Atravesé nubes sin que nada me hiciese daño. Por fin, salí de esa maldita galera. Por fin, dejé todo atrás. 

Resucité.





sábado, 19 de enero de 2019

Quiso...

Quiso llegar a lo más alto. Quiso, como mínimo, tocar las estrellas. Conversar con la luna. Tumbarse en su cuna. Quiso que el viento le golpeara en la cara, que le peinara, que la abrazara. Quiso que sus pies conociesen el tacto de las nubes; suaves, terciopeladas. Que las cosquillas recorrieran su cuerpo y de ahí su infinita sonrisa; firmamento.   

Quiso independencia; rebeldía, batallar, gritar.
Lo quiso, lo deseó. 
Quiso libertad. 

Pero... 

Quedó su cuerpo derribado, empapado en sangre. Quedó su ropa rasgada; semidesnuda. Quedó su pelo alborotado con hojas secas que también ejercían de almohada. Quedó su mirada fija, fría y dibujando cardenales. Quedó sus labios rotos; como roto le dejó el corazón.

Quedó... 
Quedó tantas cosas en ese suelo... Quedó ella; sus sueños, su vida.
La mató.